Imagina por un momento que tu cuerpo es como un jardín. Si lo riegas, le da el sol y si lo cuidas, florece. Si lo abandonas, se seca y se llena de maleza. Eso mismo pasa con el movimiento. El sedentarismo no llega de repente, se instala “lentamente, en rutinas pasivas, en excusas normalizada”. Corría el año 2002 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), inspirada por el éxito del programa brasileño “Agita São Paulo”, decidió dar un paso histórico. En su 55ª Asamblea Mundial de la Salud, se instó a los estados miembros a celebrar un día dedicado a la promoción de la salud y el bienestar a través del movimiento. Nació así el lema “Por tu salud, muévete”.
Lo que comenzó como una iniciativa local se convirtió en un evento global. Años más tarde, en 2013, la Asamblea General de la ONU reforzó esta idea al proclamar oficialmente el 6 de abril como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. La consigna era clara: reconocer que el deporte y la actividad física no solo fortalecen músculos, sino que también construyen puentes de diálogo, inclusión social y paz duradera. Leer más
Existen en la medicina un número de pruebas o exámenes diagnósticos, que al ser indicados por el médico, suelen resultar complejos e incómodos para los pacientes, ya que implica restricciones en la alimentación, varios días en proceso de preparación previa, temor al procedimiento, etc, pero su importancia radica, en que realizados de manera preventiva, salvan vidas, uno de ellos es la colonoscopia, para la detección precoz del Cáncer de Colon.
La Hora del Planeta constituye el Movimiento Global en defensa del medio ambiente y las personas, creado en Sídney en 2007 como un gesto simbólico frente al desafío del cambio climático. Desde entonces, se ha consolidado como una de las campañas ambientales más grandes del mundo, con la participación de millones de ciudadanos, empresas e instituciones en más de 200 países. Nos recuerda que la naturaleza es el sistema de soporte vital del planeta, fuente del aire que respiramos, del agua que bebemos y de los alimentos que consumimos. Defenderla es salvaguardar nuestra propia salud y bienestar. Cada año, a las 8:30 pm del último sábado de marzo, millones de personas en todo el mundo muestran su apoyo al planeta creando conciencia sobre dos de sus mayores amenazas: la pérdida de la naturaleza y el cambio climático.
El 26 de marzo se conmemora el Día Mundial del Clima, fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el propósito de crear conciencia global sobre la importancia del clima y los efectos del cambio climático en la vida humana y en los ecosistemas. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1992) estableció esta jornada como un llamado permanente a la reflexión y a la acción. El clima, entendido como el conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región durante largos periodos de tiempo, constituye un elemento esencial para la agricultura, la pesca, la salud y el bienestar de las comunidades.
¿Alguna vez han escuchado la palabra “Papanicolaou”? Pues se trata en realidad del apellido de un gran hombre, de origen griego, que con sus investigaciones y conocimientos, aportó un importante descubrimiento a favor de la salud de la mujer, su nombre: George Nicolas Papanicolaou.
Bajo el lema “Podemos poner fin a la TB: Impulsados por la atención primaria de salud, la innovación y comunidades comprometidas”, este 2026 nos recuerda que la lucha contra la tuberculosis (tb) comienza en el lugar más cercano: nuestra familia, nuestro barrio y nuestra escuela. En Cuba, como en muchos países de la región, la mayoría de los casos de tuberculosis infantil se originan en el hogar, donde los niños mantienen contacto cercano y prolongado con adultos que padecen TB activa. Según la OMS y la OPS, los menores de 5 años que conviven con un caso confirmado tienen un riesgo significativamente mayor de infectarse y desarrollar formas graves de la enfermedad, especialmente los menores de 2 años. La persona que transmitió la bacteria no fue un extraño en la calle ni un compañero de escuela: en la mayoría de los casos, fue un adulto que vive con ellos, muchas veces sin saber que tenía la enfermedad. 


