Poema dedicado por Ernesto Che Guevara a su esposa Aleida March, antes de su partida para Bolivia

Mi única en el mundo

A hurtadillas extraje de la alacena de Hickmet
este solo verso enamorado,
para dejarte la exacta dimensión de mi cariño.
No obstante,
en el laberinto más hondo del caracol taciturno
se unen y repelen los polos de mi espíritu:
tú y todos.

Los todos me exigen la entrega total,
¡que mi sola sombra oscurezca el camino!
Mas, sin burlar las normas del amor sublimado
Le guardo escondida en mi alforja de viaje.
(Te llevo en mi alforja de viajero insaciable
como al pan nuestro de todos los días.)

Salgo a edificar las primaveras de sangre y argamasa
y dejo en el hueco de mi ausencia,
este beso sin domicilio conocido.
Pero no me anunciaron la plaza reservada
en el desfile triunfal de la victoria
y el sendero que conduce a mi camino
está nimbado de sombras agoreras.

Si me destinan al oscuro sitial de los cimientos,
guárdalo en el archivo nebuloso del recuerdo;
úsalo en noches de lágrimas y sueños…
Adiós, mi única,
no tiembles ante el hambre de los lobos
ni en el frío estepario de la ausencia;
del lado del corazón te llevo
y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume…

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