La visita de Fidel a Santiago y el relato verídico del libro infantil Las aventuras de Rapolvo

La visita de Fidel a Santiago y el relato verídico del libro infantil Las aventuras de Rapolvo
Wilkie Delgado Correa

“Para nosotros, Santiago significa mucho. Personalmente, la primera ciudad que vi en mi vida fue Santiago,  todavía me recuerdo, no sé si tenía cuatro o cinco años”. Fidel

Mi testimonio sobre las circunstancias en las cuales la literatura se nutre de las realidades variadas de las experiencias de los autores, me lleva a la presente confesión. Ya yo tenía terminada mi obra de literatura infantil titulada Las Aventuras de Rapolvo, recién publicada este año una vez más,  que es una copia recreada de vivencias sobre mis hijos pequeños y sus amigos, cuando se produjo casualmente una de las visitas de Fidel a Santiago de Cuba, y ocurrió un incidente que como tal consideré pertinente para copiarlo casi textualmente en la viñeta titulada Una forma de asomarse a la historia. Hela aquí:
“La llegada de Fidel a Santiago se convertía en un gran acontecimiento. Los santiagueros se preparaban para expresarle sus sentimientos con entusiasmo grandioso. Era verdad que en Santiago no había que asombrarse de nada.
La ciudad estaba engalanada. Los hombres, mujeres y niños eran portadores de los planes para la bienvenida. Cada uno quería expresar, en su momento, la disposición de apoyarle en lo que se consideraba útil para todos. Por eso la movilización para el siguiente día se proyectaba como un escenario inmenso de la ciudad.
Santiago de Cuba amaneció convertido en una gran fiesta. Desde temprano la gente se dirigía a los puntos de concentración. El colorido del pueblo movilizado se acentuaba de hora en hora.
Rapolvo iría con su papá a lo que consideraba una fiesta. Mientras se vestía, su padre le hablaba de esta visita. Fidel recorrería las calles saludando al pueblo.
Rapolvo le hizo muchas preguntas, que su mamá también contestaba mientras se preparaba para la ocasión.
Antes de bajar las escaleras del edificio, Rapolvo pensó y dijo: —Papá, ¿y Fidel va a venir a buscarme allá abajo, con el yipi?
En ese momento su papá pensó que cada niño consideraba familiarmente a Fidel, de quien podía esperar los más hermosos gestos. Y entonces respondió que no haría falta, pues ellos lo encontrarían en el camino y lo saludarían. Mientras, su mamá le llevaba de la mano y sonreía orgullosa de su hijo”.

Doctor en Ciencias Médicas y Doctor Honoris Causa. Profesor titular, consultante y emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba. Premio al Mérito Científico del MINAP por la obra de toda la vida.
28-5-26.