La presidenta del Sindicato de Enfermeras de Bahamas, Amancha Williams, agradeció este domingo la asistencia prestada por cerca de 50 profesionales cubanos que integran la brigada médica ‘Henry Reeve’ en su país para combatir la expansión de la COVID-19.

Las enfermeras cubanas brindarán ayuda en el sistema sanitario de Bahamas, a causa del cerca de centenar de profesionales de la salud locales que están de baja por contagio.

“Necesitamos toda la ayuda que podamos obtener, porque la mayoría de las enfermeras están agotadas y trabajando horas extras para compensar la escasez de personal”, destacó Williams.

“Muchos pabellones de hospitales solo tienen una sola enfermera de planta, lo cual es abrumador. Esto nos plantea un problema debido a la grave escasez”, subrayó.

En 1983, el presidente republicano Ronald Reagan dio origen a la Fundación Nacional para la Democracia, conocida por su sigla en inglés NED (National Endowment for Democracy). Desde sus inicios, este organismo, junto a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), ha funcionado como uno de los brazos económicos de la política injerencista del Gobierno de Estados Unidos, financiando organizaciones no gubernamentales (ONG) y fundaciones, que se disfrazan con nombres de valores muy loables como democracia o libertad, pero que persiguen el cambio de los gobiernos que no se subordinen a las políticas de Washington.

Esas políticas injerencistas se han desarrollado en muchos países del mundo, en especial en aquellos que se encuentran en lo que Estados Unidos considera su patio trasero: América Latina y el Caribe.

Según se detalla en la propia web de la NED, en 2020, el programa LAC de la National Endowment for Democracy brindó un apoyo fundamental para promover supuestamente la democracia en los países bajo lo que ellos consideran los regímenes más autoritarios: Cuba, Nicaragua y Venezuela. En su opinión, dos países en transición, Ecuador y Bolivia, ofrecieron importantes oportunidades para revertir la anterior legislación «autoritaria» sobre libertad de expresión e independencia judicial, y para fomentar la participación ciudadana en los procesos electorales.

El pasado 7 de octubre pudo haber sido un día normal para casi todos los cubanos. Sin embargo, para la tunera Maricela Benítez Acosta ese día marcó un antes y un después en la vida de su hija, Jennifer Guevara Benítez, de 11 años de edad.

Jennifer ingresó el pasado 1ro. de octubre al Hospital Pediátrico Docente William Soler, de La Habana, con un cuerpo extraño: un alfiler alojado en su pulmón. Ya había sido tratada en un hospital en Las Tunas, donde habían intentado extraer el objeto en dos ocasiones, sin éxito alguno, debido a la complejidad del procedimiento.

A su llegada a la institución hospitalaria capitalina, madre e hija dieron positivas a la COVID-19, y mientras se recuperaban del mortal virus, los médicos y especialistas a cargo de su caso deliberaban para determinar si debían realizar otra broncoscopia, procedimiento efectuado ya en Las Tunas, o si el caso debía ser derivado al servicio de cirugía.

Al respecto, la doctora Dairys Blanco Gómez, jefa del Servicio de Otorrinolaringología del hospital, y uno de los médicos responsables de la operación, explicó, a solo unas horas de haber salido del salón, que la niña entró con el diagnóstico de un cuerpo extraño bronquial, y en estos casos siempre se trata que la extracción sea por la vía broncoscópica, pues es más noble y contribuye a mantener la integridad pulmonar