Mejor no empezar

Son diversos los motivos que influyen en el origen del deseo de alguien por consumir drogas. Van desde la simple curiosidad, la búsqueda de experimentar sensaciones nuevas, la presión de un grupo referencial, el anhelo de evadir situaciones desagradables. Todos son posibles, pero vale la pena detenerse en esta última motivación “tipo” porque el contexto que viven los cubanos en los últimos años es percibido por la mayoría como desafiante, hostil y nada placentero.

¿Pudiera ser la crisis actual causa del aumento del consumo de drogas? Esta sería una mirada muy simple y reduccionista para un problema que tiene múltiples lecturas, análisis y aristas. Pero sí es cierto que, en momentos de crisis económicas y sociales, el entramado social, los sistemas de valores y las interacciones normales entre las personas se ven afectados y puede considerarse- equivocadamente- el consumo de sustancias como una alternativa de escape ante una realidad abrumadora, sobre la que el individuo no tiene control. Esta respuesta se produce, sobre todo, cuando no se cuenta con los recursos y mecanismos personales de afrontamiento imprescindibles, para enfrentar los eventos vitales.

 Es una realidad que todos los seres humanos no son iguales y no se percibe cada aspecto de similar manera. Pero se hace necesario educar entre nosotros aspectos psicológicos como: la autovaloración positiva, la capacidad de respuesta individual, la conformación de proyectos de vida realistas y posibles, la articulación de un sistema de motivaciones amplio y variado. La posibilidad de satisfacer las necesidades, que van desde las básicas hasta las más trascendentes. La consolidación de recursos personales como los mencionados, posibilitarían que las personas resultaran más autodeterminadas, resilientes (que no es necesariamente sinónimo de resistente), en fin, personas capaces de mantenerse alejados de las drogas y más comprometidos con el cuidado de su salud.

Puede parecer harto difícil plantearse retos tan elevados; pero si cada familia, cada escuela y cada comunidad, aporta a la educación de las jóvenes generaciones desde la posibilidad de una comunicación directa y sincera, se gana en un acompañamiento que no sea permisivo y que no se limite a la concreción de logros materiales; se puede contribuir al desarrollo de individuos capaces de asumir que, “ante las drogas, es mejor no empezar”.

Lic. Giovani Leal Luque