Cada 4 de marzo se celebra el Día Mundial de la Obesidad, grave problema de salud que ha tenido un acelerado crecimiento en las últimas décadas, particularmente en los grupos de menor edad. Este padecimiento ha triplicado sus cifras desde el año 1975 y se considera la pandemia del siglo XXI. Amplifiquemos la voz para que esta condición con consecuencias médicas, emocionales y sociales sea escuchada y entendida. Este año el lema a nivel mundial plantea un punto de inflexión, proponiendo que es responsabilidad de todos hablar de obesidad, con el propósito de construir entre todos soluciones, desde un marco de respeto, sin ofensas, y que deje de ser una estigmatización, así como no ser usado como agresión o destrato. Que la persona con obesidad sea respetada y se ayude de manera integral a lograr un peso óptimo para su salud.
Factores que aumentan el riesgo de sobrepeso y obesidad:
- Falta de actividad física.
- Hábitos alimentarios poco saludables.
- No tener suficientes horas de sueño de calidad.
- Grandes cantidades de estrés.
- Afecciones médicas.
- Genética.
- Medicamentos.
- El entorno.
En niñas y niños el consumo de alimentos procesados con altos niveles de azúcar, grasas trans, sal, bebidas azucaradas son factores que atentan en contra de mantener un peso saludable, la cantidad de actividad física que realizan ha disminuido en las últimas décadas y es un factor que amplifica el problema. En Cuba, la desnutrición y el bajo peso no constituyen un problema de salud en la población infantil, las encuestas de factores de riesgo han proporcionado estos mismos resultados en adolescentes y adultos. Sin embargo, el sobrepeso y la obesidad han ido en aumento, según estudios aislados en niños, así como en adolescentes y adultos.
Estos resultados han demostrado su asociación con el incremento de diferentes enfermedades crónicas no transmisibles como hipertensión arterial (HTA), cardiopatía isquémica, diabetes mellitus y ciertos tipos de cáncer, entre otras. A la par se ha elevado también la adiposidad abdominal de forma independiente al sobrepeso, pero asociado también con estas enfermedades y del mismo modo se acrecienta la mortalidad con ese riesgo.
Tener exceso de peso no significa “estar más sano”.
Es una situación crónica, compleja y multicausal, con carácter pandémico, que puede ser controlada. Tiene consecuencias en la salud en todas las áreas de la vida. Sin embargo, aún en muchos lugares, el exceso de peso se considera un signo de prestigio. Este punto de vista, se refiere muchas veces a los niños. Un niño con exceso de peso es probable que tenga la presión elevada para su edad, tiene también mayor riesgo de tener colesterol elevado y tendrá predisposición a la diabetes. Además, tendrán más riesgo de tener obesidad al ser adulto, y enfermedad cardiovascular o alguno de sus factores de riesgo.
El primer paso es tomar conciencia y aprender que un cambio de estilo de vida es posible, también contar con ayuda, no estamos solos en ese camino.
No solo la alimentación importa, sino también, ¡el movimiento!
Cada minuto de actividad física y cada paso que se agregue a su rutina diaria aporta beneficios.
¡Algunas ideas para incorporar el movimiento!
Actividades intercaladas de al menos 2 a 5 minutos en la oficina, repetidas varias veces al día aportan beneficios y reducen el tiempo prolongado en condiciones de sedentarismo. Aunque no se generen cambios evidentes en el peso, el incremento en los niveles de actividad física y la reducción del tiempo prolongado sentado, mejoran el perfil de salud de las personas.
Es necesario generar conciencia, advertir sobre el problema e ir creando caminos de prevención y de bienestar para las personas que viven con obesidad, para sus familias y la comunidad donde viven. Solo podemos cambiar aquello que conocemos y en lo que nos involucramos, de esta manera es posible agilizar y articular estos caminos, para que tengan un impacto abarcador.


