El autismo: un tema que merece comprensión y acción.

En un mundo que a menudo valora la uniformidad, el autismo nos recuerda la riqueza de la diversidad humana. El trastorno del espectro autista (TEA) no es una enfermedad, sino una forma distinta de experimentar la realidad, marcada por diferencias en la comunicación, la interacción social y el procesamiento sensorial. Sin embargo, detrás de los diagnósticos hay personas únicas, cada una con talentos, desafíos y una perspectiva que puede enseñarnos mucho sobre lo que significa ser humano.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 100 niños está dentro del espectro autista, aunque en países como Estados Unidos, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, 2023) reportan una prevalencia de 1 en 36. Este aumento no significa necesariamente que haya más casos, sino que los criterios diagnósticos han evolucionado, permitiendo una detección más precisa.
A pesar de los avances, persisten mitos peligrosos. Por ejemplo, se suele pensar que todas las personas con autismo tienen habilidades excepcionales, como los personajes de películas que memorizan enciclopedias o realizan cálculos imposibles. Si bien algunos individuos dentro del espectro tienen talentos destacados (en matemáticas, música o arte), otros enfrentan desafíos significativos en la vida cotidiana. El autismo es, ante todo, un espectro: no hay dos personas con TEA iguales.
El 2 de abril fue designado por la ONU en 2007 como el día para visibilizar el autismo, pero su verdadero propósito va más allá de iluminar monumentos de azul. Se trata de cuestionar cómo la sociedad excluye a quienes piensan y sienten de manera diferente.

¿Cómo podemos apoyar de manera real?
1. Romper con los Estereotipos
– No asumir que una persona con autismo “no siente” o “no quiere socializar”. Muchas veces, las dificultades radican en cómo procesan los estímulos.
– Reconocer que los comportamientos repetitivos o la evitación del contacto visual no son caprichos, sino estrategias para regularse en un mundo abrumador.
2. Fomentar la Inclusión desde la Infancia
– Los padres y educadores necesitan herramientas para identificar señales tempranas, ya que una intervención oportuna mejora significativamente el desarrollo.
3. Crear espacios accesibles
– El ruido, las luces brillantes o las multitudes pueden ser tortuosos para alguien con hipersensibilidad sensorial. Pequeños ajustes, como áreas tranquilas en eventos públicos, marcan una gran diferencia.
Este 2 de abril y todos los días podemos elegir ser parte del cambio: informándonos, exigiendo inclusión real y sobre todo, recordando que la diferencia no es un defecto, sino otra forma de ser humano.
La concienciación debe traducirse en acciones concretas: desde apoyar leyes que garanticen derechos hasta cuestionar nuestros propios prejuicios.

Lic. Geovani Leal Luque
Esp. Salud Mental y Adicciones