
Marysol Rodríguez Felipe
Hay quienes encuentran su camino a fuerza de convicción desde la infancia, y hay quienes lo descubren por sorpresa, para luego no soltarlo jamás. En la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, las historias de entrega a la docencia y la salud se tejen con ambas experiencias. Hoy conversamos con una profesional joven, de esas que aún conservan la frescura del que se asombra, pero que ya acumula una década formando a las nuevas generaciones.
Especialista en Periodoncia, alumna ayudante que devino profesora, hoy comparte con nosotros no solo su trayectoria, sino la pasión con la que cada día defiende las sonrisas de sus pacientes y la formación de sus estudiantes. Esta es la historia de Marysol Rodríguez Felipe.
Cuéntanos, ¿cómo llegaste a la Estomatología y por qué decidiste quedarte en la docencia?
Mi historia comienza desde estudiante. Cuando me presenté para los exámenes de ingreso, mi idea siempre fue medicina, porque siempre me gustaron las ramas de la medicina. Sin embargo, por escalafón y por mis resultados, llegué a Estomatología y fue una sorpresa un poco fuerte, porque pensaba que iba a coger medicina.
Comienzo entonces en la facultad, en esta facultad, en la carrera de Estomatología, y me enamoró desde el inicio. Ayudó mucho el claustro. Es una facultad que siempre se ha caracterizado por un claustro muy comprometido, y desde esos inicios comenzó mi amor, incluso por la especialidad que hoy tengo: soy especialista en Periodoncia.
Precisamente por esos profesores, luego de graduada —me gradué en 2011 de estomatóloga—, ya desde el 2015 comienzo con la categoría docente y empiezo a trabajar como docente en la universidad. Desde que era alumna ayudante ya nos habían puesto esa semillita para la docencia, y esa semillita se fue cultivando durante toda la residencia.
Comencé entonces a dar clases, que es un camino que todos los días se va cultivando más, que se va aprendiendo más, porque las generaciones van cambiando, los estudiantes van cambiando con los tiempos, son seres sociales que se transforman, y ellos nos enseñan también. Es una retroalimentación constante.
Ha sido un camino arduo. No puedo decir que sea la que más experiencia tenga, ni de lejos, pero sí ha sido algo que me ha dado un crecimiento incluso personal, amén del profesional. Porque cuando eres docente y además trabajas no solo en el pregrado —formando al estomatólogo que se va a graduar— sino también en el posgrado, formando al especialista, tienes que barajar muchas habilidades: las cognitivas, el conocimiento propio de la especialidad, pero también habilidades conductuales, la forma de expresarte para poder llegar al estudiante y lograr esa retroalimentación tan necesaria.
Y aprender de los mayores, de los que siempre nos dieron clases cuando yo era estudiante, es como que el ciclo se cierra. Comencé aquí, me abrieron las puertas, me dieron clase esos mismos profesores que hoy me abrigan cuando tengo una duda, cuando por mi inexperiencia o cuando tenemos que vincular varias asignaturas. Es como cerrar el ciclo: darles a esos estudiantes lo que me dieron a mí cuando entré a la universidad.
¿Ejerces la Estomatología además de la docencia? ¿Qué pesa más?
Sí, yo ejerzo la Estomatología. Es que van tan ligadas de la mano que no puedo separarlas. La Estomatología requiere las habilidades prácticas. Me gusta mucho la asistencia, yo no abandono la asistencia, pero la docencia es un ejercicio que exige mucho de esa asistencia. Porque no solamente es darles los conocimientos, sino enseñarles las habilidades que te enseñaron en la carrera y que la experiencia te ha ido dando, porque cada caso es único.
Para mí, mis experiencias van tan de la mano que es algo muy bonito. Porque estamos enseñando no solo a los estudiantes, sino al propio paciente: a que modifique estilos de vida, hábitos, a que mejore, a que tenga conocimiento de la entidad, de la patología que tiene, de cómo se puede tratar y de cómo puede mejorar. Y dar ese alivio.
El que viene al estomatólogo casi siempre es por dolor o por algo que le preocupa, y cuando llegan son pocas las personas que realmente no tienen miedo al sillón estomatológico. No es lo mismo tú trabajar y hacerlo, a tú tener que explicar el paso a paso, el por qué, y enseñar las habilidades. Van muy unidas, para mí.
¿Qué te ha enseñado la Estomatología como persona?
Sobre todo, la empatía. Yo siempre pensé que era una persona empática, todos tenemos cierto grado, unos más, otros menos. Cuando comencé a estudiar Estomatología, recuerdo a mi mamá, que es muy cobarde para la Estomatología, extremadamente cobarde, de las que se desmaya.
Ella siempre me dijo: “El que viene a ti no es por gusto, el que viene a ti es porque tiene miedo, porque le duele, pero tiene mucho miedo”. A partir de ahí he tratado de seguir esa pauta, aparte de lo que me enseñaban los profesores: lo más importante es el paciente y, sobre todo, el miedo que ese paciente tiene.
Me enseñó la perseverancia. La carrera, y luego la residencia, me enseñaron que no es “terminé y ya”, no, hay que perseverar. Hoy el día puede que no fuera tan productivo como tú pensabas a la hora de apropiarte de conocimientos o habilidades, puede fallar algo.
Me enseñó muchos más valores que ya me habían enseñado en casa, y se pusieron en práctica aquellos que me habían enseñado pero que yo no había tenido oportunidad de aplicar. La empatía con el paciente, con el que viene con dolor, con el que viene aquejado de algo, y la perseverancia. Creo que esas son las principales que te pudiera decir.
¿Qué es lo que más te gusta de ser estomatóloga?
Devolver un poquito de bienestar al paciente. Que se sienta cómodo, escucharlo con toda la paciencia del mundo, porque a esa hora te dicen de todo, y devolverle un poco la tranquilidad y quitarle el dolor, si lo tiene. En el caso de la Periodoncia, no siempre vienen con dolor, pero igual vienen muy preocupados, porque sangran, porque les preocupa, porque tienen dientes a punto de perder. Lograr devolverle la salud y, por ende, la autoestima a ese paciente. Lograr que esos dientes se permanezcan en su lugar, mejorar toda su estructura que los rodea, y que el paciente tenga una mejor calidad de vida.
La Estomatología en general no va aislada, se integra porque nuestro organismo no va por un lado la cabeza y por otro los miembros, es una formación íntegra donde se relacionan todos los sistemas. Y la Estomatología es la carta de presentación que uno tiene muchas veces: la sonrisa, es cuando tú te proyectas. Si el paciente tiene una sonrisa que tal vez no cae en los estándares de belleza que podemos tener, el paciente es el primero que no se va a sonreír, es el que va a ser más tímido, el que va a estar más cohibido. Si el paciente tiene dolor, no se va a sentir bien.
Además, muchas enfermedades tienen asiento en la cavidad bucal. Fíjate que ahora mismo estamos con el tema de las arbovirosis, y hay muchas manifestaciones bucales que se están viendo: la lengua, muchas úlceras, una estomatitis bastante fuerte.
Hay enfermedades donde nosotros podemos tener una sospecha y mandar al especialista que sea, al clínico, al endocrino, pero sus primeras manifestaciones se vieron en la boca. Nos ha pasado: simplemente con unos complementarios para una operación nos damos cuenta de que la glicemia del paciente está alterada. La Estomatología no es ajena a todo eso.
Llevas diez años en la docencia, desde 2015. Eres muy joven todavía en comparación con muchos profesores de larga trayectoria. ¿Te imaginas tu vida sin haber escogido este camino?
La verdad es que no. Al comienzo te comenté que yo quería medicina. Estomatología en esos años era bastante reducido, en mi año creo que fueron catorce plazas para toda la provincia. Yo siempre pensé en algo inalcanzable, puse Estomatología de segunda opción, pero mi idea siempre fue medicina, porque me gustaba mucho, me sigue gustando, no puedo decir lo contrario.
Pero cuando comencé, y creo que eso tiene mucho que ver con el quehacer de la docencia y con los profesores que me atendieron… yo recuerdo una experiencia personal, fíjate si me marcó, que fue la que hizo que me enamorara de mi especialidad, la que hoy tengo.
Cuando comienzo en ese curso introductorio, roté por el hospital militar, y la periodoncista que estaba allí fue la que nos atendió a los que entramos en ese momento. Nos enseñó programas educativos, fuimos a las escuelas por la avenida Santa María, dimos charlas educativas, fuimos promotores de salud. Imagínate tú, unos pichoncitos que no sabíamos todavía nada, que estábamos comenzando. Y gracias a eso, hoy por hoy soy periodoncista, porque me enseñó esa especialidad y me encantó.
Para terminar, si no se llamara Estomatología, ¿cómo la definirías con tus propias palabras?
Defensores de una sonrisa. Tal vez suene un poco cursi, pero creo que sí sería así.
Detrás de cada sonrisa que ilumina un rostro, hay horas de estudio, años de práctica y una vocación que trasciende lo meramente técnico. La historia de nuestra entrevistada, una profesional joven que ya acumula una década formando a nuevas generaciones, es el testimonio vivo de que la Estomatología en la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara no se enseña solo con libros e instrumental, sino con el ejemplo.