
Dr. C. José Ramón Ruiz Hernández
José Ramón Ruiz Hernández, especialista en Organización y Administración de Salud Pública y Doctor en Ciencias de la Salud, comenzó en la docencia en el año 1985. Actualmente ostenta los grados de profesor titular, investigador auxiliar y responsable de la comisión de grado para la formación doctoral de nuestra Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.
¿Cómo comenzó su trayectoria aquí?
“Yo me gradué en 1974. Realmente, me gustaba mucho la medicina. En la época en que estudiábamos, había un llamado importante para carreras como ingeniería y medicina, esta última porque había una visión crítica y una transformación profunda.
Al graduarme, en el lugar donde fui a trabajar, la inmensa mayoría eran médicos de antes de la Revolución, y no todos comprendían la transformación de una medicina mercantilista a una medicina de carácter social y preventiva. Fue una experiencia fuerte, con un enfrentamiento ideológico y profesional.
Después, fue una buena experiencia. Se crearon los órganos del Poder Popular y fundé la Dirección Municipal de Salud en Placetas, donde fui director muchos años. Luego, en 1988, vine para la Dirección Provincial de salud, donde trabajé hasta el 2008, llegando a ser subdirector y después director provincial. También fui diputado a la Asamblea Nacional, un tremendo honor. A partir del 2010, me incorporé completo a la docencia universitaria a tiempo completo.
Además de la formación doctoral, posee usted una fuerte dedicación a la investigación histórica. ¿Podría hablarnos de eso?
“Sí, además del trabajo docente, trabajo en investigaciones históricas en el campo de la salud pública: personalidades, hechos, figuras importantes. Hay muchas de aquí de Villa Clara que están olvidadas y las estamos sacando a la luz. Gente que ha hecho mucho por la salud pública cubana y villaclareña y a veces son poco reconocidas.
Por ejemplo, poca gente sabe que el Hospital Oncológico Celestino Hernández Robau es una de las instituciones asistenciales en función más antigua de Cuba. Se fundó en 1722, ¡es tricentenario! También estamos trabajando con la Farmacia “Dos Caminos a Fibra”, la más antigua de Villa Clara, fundada en 1860. Queremos convertirla en un centro de estudio.
Tenemos un proyecto, en coordinación con Cultura y la universidad, llamado “Ciencia, Salud, Cultura y Sociedad”, para reactivar el vínculo histórico entre médicos y cultura. Había médicos que, además de ser buenos profesionales, eran periodistas, escritores, músicos”.
Trabajamos, por ejemplo, en historias de vida de enfermeras destacadas como Aidé Rodríguez, Martina Guevara (de las primeras en graduarse en Cuba) y Enedina Mason Crespo (enfermera de la lucha clandestina). Así estamos rescatando a esas personas y sus aportes.
¿Qué le apasiona más acerca del trabajo investigativo?
Como investigador, la experiencia más significativa es ir encontrando cosas que uno no sabía. Por ejemplo, que existió una segunda universidad en Santa Clara antes de la Revolución.
Un colega de Camagüey me dijo una vez que aquí en Santa Clara se encuentra un ambiente favorable para la investigación científica, algo que no es común en otros lugares. Investigué ese fenómeno y encontré que en 1797 hubo un proceso llamado la “explosión del movimiento científico cubano”, donde ocho o nueve científicos publicaron por primera vez.
Entre ellos, descubrí que había uno de Santa Clara: Eugenio de la Plaza. Era médico, criaba abejas, escribió una ponencia que ganó un premio del rey de España, ¡por encima de Tomás Romay que quedó segundo! Luego, él y otro médico introdujeron la vacuna contra la viruela en Santa Clara en 1804, a petición del obispo de Espada. Eugenio de la Plaza era un agente de pensamiento.
¿Se imagina su vida si no hubiese escogido este camino?
Yo era un muchachito que vivía en un batey central, y mi papá era un obrero azucarero. Yo no hubiera podido estudiar, aunque mi papá tenía el empeño. Él ganaba muy poco dinero. Así que no, no me la imagino de otra manera. Este camino lo es todo.