Al día

Se trata de una política establecida por el quinto presidente de los EE.UU., James Monroe, y preparada por su secretario de estado, John Quincy Adams. Ambos son considerados en la historia de ese país como “padres fundadores”. En esencia establecía que cualquier esfuerzo de alguna nación europea para controlar un estado independiente en cualquier parte de América se vería como “la manifestación de una disposición inamistosa hacia los Estados Unidos”. También comprendía que ese país reconocía y no interferiría en las colonias que aún existían. Debe tenerse en cuenta que en el momento de su promulgación, en diciembre de 1823, ya la mayor parte de los países de America habían alcanzado su independencia de las metrópolis coloniales europeas. Solo quedaban en manos de potencias europeas nuestras islas del Caribe, las Guayanas y Canadá.

Esto sería una consecuencia obligada de una ley norteamericana muy mencionada también en estos tiempos, la llamada Ley Helms Burton de 1996. No es solo el título III que se activó ahora el verdaderamente lesivo e inaceptable por cualquier persona digna. Lo peor está promulgado y vigente desde su misma firma hace 23 años. La esencia de esa Ley radica en que establece un código de conducta y de acciones que debe seguir un gobierno en Cuba para que se puedan establecer relaciones normales entre los dos países y se levante el bloqueo que nos tiene agobiados desde hace casi 60 años. La independencia de Cuba se vería hecha añicos por cualquier político o grupo que pretendiera cumplir las indicaciones del Congreso de los EE.UU. para nuestro país. Es el caso de una nueva enmienda Platt. La dignidad de los cubanos, nuestro derecho a estar orgullosos de nuestra condición de personas libres, se vería destruida. Estos sentimientos puede tenerlos cualquier otro ciudadano del mundo en circunstancias similares. No se trata solo de nuestra incuestionable vocación soberanista, tan coloreada con la sangre derramada por tantos y tan honorables patriotas.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2019/06/17/la-doctrina-y-la-libertad/#.XQi8KnnVC1s