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La formación humanista y médica del doctor Ernesto “Che” Guevara: sus aportes al desarrollo médico social de Cuba*

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che_50aniv_infomedIntroducción

Es un honor extraordinario participar en nombre de Cuba, mi país, en este Foro “Pensamiento Humanista y Médico de Eugenio Espejo y Ernesto ‘Che’ Guevara” que la Facultad de Ciencias Médicas de la prestigiosa Universidad de Cuenca ha organizado como homenaje en reconocimiento a los aportes prestados a la humanidad, por estas dos grandes figuras de la historia de Nuestra América, en el desarrollo científico y humanista, en la formación de los médicos, así como en la promoción de los más altos valores humanos en las nuevas generaciones de profesionales de la medicina.

Tuve la suerte desde el comienzo de mis estudios médicos de ser alumno en la cátedra de Histología Normal y Embriología de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana y después su amigo, del notable científico ecuatoriano-cubano profesor Manuel I. Monteros Valdivieso, para en su autorizada palabra reafirmar mis conocimientos sobre la vida y la obra del prócer quiteño y de ser testigo de la elaboración de ese libro capital, lamentablemente aún inédito, “Eugenio Espejo (Chuzhig). El sabio indio médico ecuatoriano (Estudio biográfico)”, en tres tomos, que según el doctor Faustino Aguirre, que ha podido revisar el original, alcanza las mil veintiséis páginas.

Hace solamente unas semanas revisé las pruebas de imprenta de un pequeño volumen que hemos preparado como número 89 de la colección monográfica Cuadernos de Historia de la Salud Pública, órgano publicitario de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública, en homenaje al profesor Monteros Valdivieso con el título Estudios sobre el doctor Eugenio Espejo en el que se recogen, entre otros, los capítulos IV, V y XII de la obra inédita con los títulos, respectivamente, de: “Eugenio Espejo, monitor de libertades amerindias”, “Eugenio Espejo, su humanismo y humanitarismo” y “Eugenio Espejo, bacteriólogo”, precedidos por la conferencia que leí en octubre de 1999 en la Sociedad Ecuatoriana de Historia de la Medicina, Núcleo de Azuay, en esta ciudad de Cuenca, sobre “Manuel I. Monteros Valdivieso (1904-1970), un científico ecuatoriano en Cuba”.

Por todo ello no es extraño que, en la noche de hoy, me sienta como me he sentido en medio de los ecuatorianos, entre verdaderos hermanos, al leer esta conferencia sobre la formación humanista y médica y sus aportes al desarrollo médico social cubano de esa personalidad extraordinaria de la historia de América y del mundo, en el siglo XX, que es el doctor Ernesto Guevara de la Serna, de quien dijera el gran filósofo francés Jean Paul Sartre: “Pienso que efectivamente ese hombre no fue solamente un intelectual, sino el hombre más completo de su tiempo. Fue el combatiente, el teórico que supo sacar del combate, de su lucha misma, de su experiencia, la teoría para llevar hacia delante la lucha.”1

Formación médica y humanista del doctor Guevara

Tan insigne revolucionario nació en un hospital de la ciudad de Rosario, Argentina, segunda en importancia en aquella época del país, el 14 de junio de 1928, como miembro de una familia bien acomodada y muy culta. Su padre Ernesto Guevara Lynch, a quien le faltaron pocas asignaturas para graduarse de arquitecto, era un lector voraz y poseía una muy bien nutrida biblioteca; su madre Celia de la Serna, hija del doctor Juan Martín de la Serna, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, dominaba los idiomas inglés y francés y de sus cuatro hermanos, tres se graduaron de abogado y arquitectos en la propia universidad bonaerense.2

Desde los dos años de edad comenzó su padecimiento crónico de bronquitis asmática que lo acompañaría toda su vida, pero que templaría su voluntad hasta llevarla a límites increíbles y forjaría su vocación por la medicina.

La familia Guevara de la Serna, por los negocios del padre, se vio precisada a cambiar muchas veces de lugar de residencia, lo que le dio desde su niñez a Ernesto Guevara una visión en extensión de su mundo, que lo convertiría en un viajero impenitente durante toda su existencia.

La enseñanza primaria la recibió de dos competentes pedagogos, los primeros grados impartidos por la profesora Elba Rossi en el Colegio San Martín y los últimos por el profesor Osvaldo Oviedo Zelaya en el Colegio Santiago Liniers, ambos en la pequeña ciudad de Altagracia, provincia de Córdoba.3

Los estudios de bachillerato los cursó en el notable Colegio Nacional Deán Funes, impregnado del pensamiento del sacerdote y revolucionario don Gregorio Funes, en la ciudad de Córdoba, capital de la provincia del mismo nombre, en cuya universidad se llevó a cabo en 1918 una de las reformas de estudios más profunda, por su proyección social, de la historia de América.

En esta época conoce al doctor Alberto Granado, notable bioquímico, tiempo más tarde profesor de las Facultades de Medicina de las Universidades de Santiago de Cuba y La Habana, de determinante influencia en la personalidad de Guevara y con el se consolida su afición por los viajes, que comienzan a partir de entonces por toda la Argentina. De esos años de estudios preuniversitarios diría su padre: “Toda mi biblioteca pasó por sus manos antes de ser adulto. Yo tenía una biblioteca bastante completa. Ernesto a los 15 años estaba ya familiarizado con Jung, Adler, y con Marx, Engels, Lenin” 2

Su facilidad para las matemáticas hizo pensar a familiares y amigos que matricularía ingeniería como carrera universitaria y es preciso detenernos en este aspecto para comentar que dicho interés y la conciencia de la utilidad del conocimiento de las matemáticas, para toda actividad científica, económica y social, no lo abandonaron nunca. Muchos años después cuando ocupaba la presidencia del Banco Nacional de Cuba, su vicepresidente lo era el doctor Salvador Vilaseca Fornel, notable profesor de matemáticas, después rector de la Universidad de La Habana, a quien pidió Guevara le diera clases de esta ciencia y cuenta el viejo maestro que durante cinco años fue su alumno, que del inicial repaso de las matemáticas del bachillerato pasaron a profundizar en la geometría analítica, el álgebra superior, cálculo diferencial e integral, ecuaciones diferenciales, hasta entrar en el análisis del libro sobre programación lineal del profesor mexicano Héctor M. Espinosa Berriel, del que resolvió uno por uno todos sus ejercicios y tiempo más tarde cuando preparaba su viaje a Bolivia le mandó a pedir, a su maestro, cinco libros, uno de ellos sobre programación lineal, del autor norteamericano que habían empezado a estudiar juntos.4

Pero un hecho familiar, ha apuntado su padre, lo inclinó definitivamente a la medicina. Cuando esperaba en las vacaciones de 1947 para matricularse en la Universidad, sin haber decidido aún en qué Facultad, su abuela paterna sufre una hemorragia cerebral y Guevara acude rápidamente a su lado y está junto a ella, haciéndole todos los cuidados, en los últimos 15 días de su agonía. Profundamente deprimido, con su muerte inevitable, matricula en la Universidad de Buenos Aires la carrera de medicina.2

Las universidades argentinas habían sido profundamente sacudidas por la revolución universitaria de 1918, iniciada en la de Córdoba, la más antigua institución docente superior de país, fundada en 1613, pero en ésta y en la de Buenos Aires, fueron las que más profundamente había dejado sus huellas.

Los cubanos también sentimos sus vientos de renovación. En 1922 de visita en la capital del país, para asistir al VI Congreso Médico Latinoamericano, el doctor José Arce, eminente cirujano, entonces rector de la Universidad de Buenos Aires, fue invitado a pronunciar una conferencia sobre dichos cambios en la enseñanza superior, lo que hizo el 4 de diciembre del propio año con el título, “La evolución de las universidades argentinas” en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Desde entonces esta conferencia ha sido considerada como el hecho que desencadenó la revolución estudiantil universitaria de 1923 dirigida por nuestro inmortal líder juvenil Julio Antonio Mella, que produjo la reforma de estudios de 1924, aunque yo opino que en lo referente a los de nuestra Facultad de Medicina estuvieron más influidos por el informe de Abraham Flexner sobre los estudios médicos en Estados Unidos y Canadá de 1910.5

En la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires en 1947, cuando ingresa Ernesto Guevara, los estudios médicos se realizaban en seis cursos explicados en 30 cátedras, innegablemente influidos por la reforma de Córdoba. Desde su inicio va unir el trabajo a su aprendizaje oficial. En el primer año labora como oficinista en la Municipalidad de Buenos Aires y en el segundo ya los hace en el Instituto de Investigaciones Alérgicas bajo la dirección del eminente alergólogo doctor Salvador Pissani, primero su médico y después su admirado maestro, con el que trabaja hasta el final de la carrera. Algunas de las investigaciones en que interviene serán publicadas en la revista Alergia como “Sensibilización de cobayos a pólenes por inyección de extracto de naranjas”.6

Su interés siempre mantenido de conocer nuevos horizontes geográficos y sociales lo induce a trabajar durante sus vacaciones como enfermero en barcos de la marina mercante en viajes por puertos nacionales y su afán de saber inclina sus lecturas, aún más, por campos aparentemente ajenos a la medicina, como la lectura, la historia, la filosofía, la arqueología, la política y estudia dibujo por correspondencia. Indiscutiblemente que compartía la famosa afirmación del profesor español del siglo XIX don José Letamendi: “El médico que sólo sabe de medicina, ni medicina siquiera sabe”.7

Terminado el cuarto año de la carrera, tiene ya aprobadas 16 asignaturas que comprenden las ciencias básicas y preclínicas y ha entrado en contacto muy satisfactoriamente con la famosa Escuela Argentina de Semiología y Clínica Propedéutica que dio figuras de la importancia, entre muchas, de los profesores Gregorio Aráoz Alfaro, Tiburcio Padilla y Pedro Cossio, por cuya grandiosa “Biblioteca de Semiología”, integrada por diez volúmenes aprendimos tan importante materia médica los estudiantes latinoamericanos desde los años de las décadas de 1930 a 1960.

Con ese bagaje médico y humanista emprende Guevara con su amigo el doctor Alberto Granado su viaje de nueve meses por Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. En el Amazonas peruano va a conocer a un hombre extraordinario, con el que laboran un tiempo, que marcará también su formación humanista y científica, el doctor Hugo Pesce, profesor de Medicina Tropical de la Universidad de San Marcos de Lima, la más antigua de América del Sur, quien por su militancia política se vio obligado a dejar su cátedra y continuar sus investigaciones en las selvas amazónicas en las que estudió la fisiología del indio y descubrió zonas endémicas de tifus recurrente, varias nuevas especies de flebótomos, un foco leprógeno y creó un centro asistencial contra esta última enfermedad.8

Fig. 1. Dr. Ernesto “Che” Guevara de la Serna (1928-1967).

En tan azaroso recorrido el hombre del laboratorio que ya se formaba se impregna con la tragedia médico social de los leprosorios de San Pedro, Cerritos, Diamante y General Rodríguez, en plena selva amazónica, para comprobar que esa tragedia se extendía también hasta los suburbanos de Córdoba, Posadas y Rupa Nui.

A su regreso a Buenos Aires, en septiembre de 1952, se siente ya un verdadero higienista social ansioso de comenzar su labor lo antes posible. Para ello matricula por la enseñanza libre las catorce asignaturas que le faltan para concluir sus estudios y es verdaderamente titánico el esfuerzo que realiza.

Las asignaturas que debe aprobar comprenden materias tales como: patología médica y quirúrgica, clínica médica y quirúrgica, las clínicas de especialidades como obstetricia, ginecología, urología, oftalmología, ortopedia, tisiología, dermatosifilografía, pediatría y neurología, así como medicina legal e higiene y medicina social. La última que aprueba es Clínica Neurológica el 11 de abril de 1953, se le extiende su título de Médico el 1ro de junio de ese propio año y lo recoge el día 12 del mismo mes.2

Breve ejercicio profesional médico

Convencido como estaba de que la función social de la medicina se veía lastrada por los regímenes políticos burgueses imperantes en América Latina, se decide a participar en el ensayo socialista de Guatemala bajo los gobiernos del profesor Juan José Arévalo y del Coronel Jacobo Arbens. Allí trabaja en el Centro Médico de Maestros y puede vivir la experiencia del crimen imperialista sobre el sueño de libertad del pueblo guatemalteco.

En México, donde se refugia, labora en el Hospital Central del Distrito Federal, en el Laboratorio del Hospital Francés y en el Centro de Investigaciones Alérgicas del Instituto de Cardiología junto al notable profesor Mario Salazar Mallén, con el que publica entre otros trabajos el titulado “Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos”, aparecido en la Revista Iberoamericana de Alergología, que mereció premio”.6

Años más tarde, cuando ocupaba el cargo de Ministro de Industrias de Cuba, escribió en la dedicatoria de un libro que le envió al sabio botánico cubano doctor Juan Tomás Roig Mesa, estas palabras en las que confiesa su añoranza por aquella labor: “Acepte mi homenaje personal de hombre que ha pasado por la paz tensa de las retortas y añora, a veces, su antiguo oficio individual, aunque nada diera a la humanidad desde esa trinchera”.9

En estas funciones se encuentra cuando conoce a los revolucionarios cubanos exilados en la nación azteca y le presentan en julio de 1955 al doctor Fidel Castro, hecho este que cambiará el curso de su vida y le dará una dimensión histórica insospechada en aquellos momentos. Toda una noche pasan hablando y siempre he pensado que a un hombre de las inquietudes culturales de Ernesto Guevara lo más que tiene que haberle impresionado del líder revolucionario cubano era su sólida preparación política, pues ya a esa edad, a los 29 años, era graduado de Licenciado en Derecho Diplomático y Consular, Licenciado en Derecho Administrativo, Doctor en Derecho Civil y le faltaban tres asignaturas para completar el Doctorado en Ciencias Sociales, todo alcanzado en las Facultades de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana.10 Muestras evidentes de esta preparación lo son su tesis doctoral “La letra de cambio en el Derecho Internacional y en la Legislación Comparada” (1950) y el famoso alegato jurídico de autodefensa por los asaltos a los cuarteles militares de Santiago de Cuba y Bayamo “La Historia me absolverá” (1953).

Sobre este importante encuentro más tarde escribió Guevara: “Charlé con Fidel toda una noche y, al amanecer, ya era el médico de su expedición. En realidad después de la experiencia vivida a través de mis caminatas por toda Latinoamérica, y del remate de Guatemala no hacía falta mucho para incitarme a entrar en cualquier revolución contra un tirano, pero Fidel me impresionó como hombre extraordinario”, para añadir después: “Entonces me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario lo primero que hay que tener es revolución”.11 Y se dispuso a tenerla junto a sus amigos cubanos.

Su actividad en los años siguientes ha sido recogida en las páginas de la historia de los pueblos libres del mundo: expedicionario en el Granma, desembarco en los pantanos de playa Las Coloradas, viril resistencia en las más difíciles condiciones, pasar a la ofensiva con métodos originales en la guerra de guerrillas y reeditar la gran hazaña invasora de los libertadores cubanos del siglo XIX, en plena época de las guerras mundiales, para entrar victorioso en La Habana y tomar la segunda fortaleza militar en importancia de la ciudad el 2 de enero de 1959.

La experiencia ganada en estos años de insurrección como médico en campaña ha sido plasmada en su libro La guerra de guerrillas (1961), verdadero clásico de la bibliografía militar, en el que expone una original periodicidad del desarrollo de la atención médica en campaña. Allí Guevara afirma que existen tres fases en el desenvolvimiento de una guerrilla en las cuales su sanidad militar ha de cumplir determinadas funciones. Estas tres fases son: una primera nómada, una segunda seminómada y una última sedentaria.

En la fase nómada él o los médicos que hubieren, viajan siempre con sus compañeros y no sólo actúan como tales, sino también como soldados, cumpliendo todas las funciones de guerrillero.

En la segunda fase o seminómada a la que lleva el propio desarrollo de la guerrilla, van estableciéndose campamentos más estables y se conocen casas de colaboradores en las que se pueden atender algunos heridos.

Y en la tercera o sedentaria existen ya zonas que son del dominio absoluto de la guerrilla y en las que se organiza una adecuada estructura para la sanidad militar, que llega a tener distribuida la atención médica en tres escalones diferentes: uno primero en la línea de combate, uno segundo más alejado del frente, donde pueden trabajar cirujanos especialistas y uno tercero, en lugares muy bien protegidos, inaccesibles prácticamente para el enemigo, donde se establecen los hospitales, en los que los pacientes, heridos o enfermos pueden permanecer largas jornadas hasta recuperarse nuevamente para el combate y en los que pueden instalarse laboratorios y equipos de radiología.

En otro libro suyo capital, Pasajes de la guerra revolucionaria (1963), recoge su comportamiento y del médico de la guerrilla en general, frente al herido o el enfermo, no sólo con sus compañeros de lucha, sino también con los soldados enemigos heridos prisioneros y la población civil enferma a la que nunca dejaron de prestarle toda la ayuda posible. Este libro constituye un verdadero ejemplo de la práctica de la ética médica más estricta aplicada en tiempo de guerra irregular.

Terminada la contienda armada y reconocido como genial guerrillero y uno de los símbolos de rebeldía de los oprimidos de todo el mundo, no volverá a ejercer directamente la medicina, pero su pensamiento médico social estará presente en todas las etapas del desarrollo de la salud pública cubana. Apenas dos semanas después de la victoria, el 13 de enero de 1959, era recibido en el Colegio Médico Nacional y se le declaraba “Médico cubano honorario”.12

El pensamiento del doctor Ernesto “Che” Guevara en el desarrollo médico social de Cuba

En una conferencia dictada el 20 de agosto de 1960, que después ha sido titulada “El médico revolucionario”, el doctor Guevara expone con palabras sencillas cómo se forjó su pensamiento médico social: “Después de recibido, por circunstancias especiales y quizá también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido en alguna manera visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas, que en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte substancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente” 11

En ese mismo discurso expone su valoración del ser humano: “Comprendimos perfectamente que vale, pero millones de veces más la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra”.11 Esta frase es la base en que se sustenta la medicina social cubana y está implícita en los dos primeros principios de nuestra salud pública: la salud es un derecho del pueblo y la salud de la población es responsabilidad del Estado.

A la dirección nacional del sistema de salud le dirá: “El trabajo que está encomendado hoy al Ministerio de Salubridad, a todos los organismos de este tipo, es organizar la salud pública de tal manera que sirva para dar asistencia al mayor número posible de personas, y sirva para prevenir todo lo posible en cuanto a enfermedades, y para orientar al pueblo”.11

Este pensamiento del doctor Guevara estará presente en las acciones de salud del médico cubano que a través del Servicio Médico Rural, creado desde enero de 1960, lleva a los lugares más apartados del país, no sólo acciones curativas, sino marcadamente preventivas y de promoción de salud, para dar fundamento a tres de los principios de nuestra salud pública: accesibilidad de toda la población del país a los servicios de salud, gratuidad completa de la atención médica terciaria y secundaria y de la primera sólo excluido el pago de los medicamentos a los enfermos no dispensarizados y marcado acento preventivo y de promoción en las acciones de salud, sin olvidar el importante aspecto de la rehabilitación.

Al nuevo médico de la atención primaria le advertirá sabiamente: “Y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad, veremos, entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor, y cómo aprende a sembrar nuevos alimentos, y sembrar con su ejemplo, el afán de consumir nuevos alimentos […] Veremos, entonces, cómo tendremos que ser, en esas circunstancias, un poco pedagogos, a veces un mucho pedagogos, cómo tendremos que ser políticos también, como lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender, con el pueblo, que vamos a realizar esa grande y bella experiencia común, construir una nueva Cuba.”11

Sobre la participación del pueblo organizado en las acciones de salud, que es otro de los principios de nuestra salud pública, nos dirá muy tempranamente: “El principio en que debe basarse el atacar las enfermedades es crear un cuerpo robusto, pero no crear un cuerpo robusto con el trabajo artístico de un médico sobre un organismo débil, sino crear un cuerpo robusto con el trabajo de toda la colectividad, sobre toda esa colectividad social” y nos señala certeramente el papel del médico en dicha medicina: “El médico, el trabajador médico, debe ir entonces al centro de nuestro trabajo, que es el hombre dentro de la colectividad”.11 El actual modelo de atención médica primaria, “El Médico y Enfermera de la Familia”, que alcanza a toda la población de nuestro país, dividiendo a la colectividad para su asistencia en grupos familiares, da amplia respuesta a este aspecto tan importante del pensamiento médico social del Guerrillero Heroico.

Pero donde quizá con mayor fuerza se sienta la influencia de su pensamiento, porque en él está su ejemplo, es en el principio de la salud pública cubana que más la ha caracterizado y que es: la solidaridad internacional. En cualquier país del mundo en que se encuentre prestando sus servicios un médico cubano allí habrá mucho de su tenacidad, de su espíritu de sacrificios y de su sensibilidad humana.

Por todo ello más que un médico en ejercicio profesional al servicio del desarrollo de nuestro país, él fue y sigue siendo nuestro gran Maestro de higiene social y por eso, quizá, desde fecha tan temprana como el 1ro de enero de 1960 la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central de las Villas le concedió el título de Doctor Honoris Causa.

Y como Maestro le hablaría a los jóvenes que en las universidades adquieren conocimientos científicos para advertirles de su responsabilidad social: “Pero ustedes, estudiantes del mundo, no olviden nunca que detrás de cada técnica hay alguien que la empuña, y que ese alguien es una sociedad, y que con esa sociedad se está, o se está contra ella […] Y que la técnica es un arma, y que quien sienta que el mundo no es perfecto como debiera ser, debe luchar porque el arma de la técnica sea puesta al servicio de la sociedad, y por eso rescatar antes a la sociedad para que toda la técnica sirva a la mayor cantidad posible de seres humanos, y que podamos construir la sociedad del futuro désele el nombre que se quiera.”13

Lo imperioso de otras tareas que lo llevaron a participar en la lucha guerrillera de liberación en África y en Bolivia hasta entregar heroicamente su vida en esta última el 8 de octubre de 1967, hace ahora 34 años, impidió que Ernesto “Che” Guevara completara el desarrollo de su pensamiento médico social y que pudiera ser aplicado en cada una de las etapas del devenir histórico de nuestra salud pública revolucionaria. Sin embargo queda lo que nos dejara sobre tan importante tema en sus discursos, conferencias y escritos, que forman parte hoy de lo más importante del pensamiento médico social cubano.

Referencias bibliográficas

  1. Sartre JP. El “Che” fue el hombre más completo de su tiempo. Bohemia. 70 (52):45. 22 de diciembre, 1967.
  2. Guevara Lynch E. Mi hijo el “Che”. La Habana. Ed. Arte y Literatura. 1988.
  3. Constantin E. “Che”: su tributo de los jóvenes argentinos. Granma. 23 (214):3. 7 de octubre, 1987.
  4. Hernández Pardo H. Con el maestro de matemática del “Che”. Granma. 23 (224):3. 22 de octubre, 1987.
  5. Delgado García G. La revolución universitaria de 1923: su repercusión en los estudios de la Escuela de Medicina. Cuad. Hist. Sal. Pub. 1997; 83: 121-132.
  6. Rojas M. Testimonios. Ernesto, médico en México. Cuad. Hist. Sal. Pub. 1997; 83:94-101.
  7. Martínez-Fotún Foyo O. Federico Grande Rossi. Rev.Soc. Cubana Hist.Sal.Pub. 1961;4(3): 9-18.
  8. Granado A. Con el “Che” por Sudamérica. La Habana. Ed. Letras Cubanas. 1986.
  9. Sanaría L. “Che” y la ciencia cubana. Andar por camino propio. Granma. 28 (190):3. 26 de septiembre, 1992.
  10. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Expd. Est. 62872.
  11. Guevara de la Serna E. Discurso en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio del Salud Pública el 20 de agosto de 1960. Bohemia. 52 (35):36-37, 81. 28 de agosto, 1960.
  12. Guevara de la Serna E. Es la clase médica de todas las profesiones la que más aporte de sangre a dado a la revolución. Tribuna Médica de Cuba. 20:17-18. Enero-Junio de 1959.
  13. Guevara de la Serna E. Discurso resumen en el Primer Encuentro Internacional de Profesores y Estudiantes de Arquitectura el 29 de septiembre de 1963. Obra Revolucionaria.(26): 11-16. 9 de octubre, 1963.

* Trabajo enviado y leído en Foro “Pensamiento Humanista y Médico de Eugenio Espejo y Ernesto ‘Che’ Guevara”. Facultad de Ciencias Médicas

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