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El desarrollo de la Sociedad de la Información y el Conocimiento coloca a los ciudadanos en una situación donde la cantidad y variedad de información accesible no está directamente relacionada con las posibilidades reales de acceder a ella y utilizarla. Los procesos de aprendizaje necesarios para poder usar y aprovechar las fuentes de información, configuran una nueva alfabetización permanente que debe extenderse a todos los ciudadanos. La alfabetización informacional, reconocida por diversas organizaciones internacionales (UNESCO, IFLA,) como una competencia básica para que cualquier ciudadano pueda desenvolverse de forma inteligente y crítica en la sociedad de nuestros días, puede ser promovida desde diferentes ámbitos sociales e instituciones. Entre éstas se encuentran las bibliotecas, cuyo papel de recopilación, organización y difusión de la información les ha llevado en los últimos años a orientarse de forma creciente en la mejora de las capacidades de los ciudadanos con relación al uso de la información. La IFLA se encuentra comprometida en este movimiento de la alfabetización informativa apoyando la difusión de Manifiestos como: La Declaración de Praga “Hacia una sociedad alfabetizada en información” (2003) “…El ALFIN abarca el conocimiento de las propias necesidades y problemas con la información y la capacidad para identificar, localizar, evaluar, organizar y crear, utilizar y comunicar con eficacia la información para afrontar problemas o cuestiones planteadas, es un prerrequisito para la participación eficaz en la Sociedad de la Información y forma parte del derecho humano básico de aprendizaje a lo largo de toda la vida”… (Declaración de Praga, septiembre de 2003) La Declaración de Alejandría sobre “la alfabetización informativa y el aprendizaje a lo largo de la vida” (2005) …”la alfabetización informativa se encuentra en el corazón mismo del aprendizaje a lo largo de la vida. Capacita a la gente de toda clase y condición para buscar, evaluar, utilizar y crear información eficazmente para conseguir sus metas personales, sociales, ocupacionales y educativas. Constituye un derecho humano básico en el mundo digital y promueve la inclusión social de todas las naciones. El aprendizaje a lo largo de la vida permite que los individuos, las comunidades y las naciones alcancen sus objetivos y aprovechen las oportunidades que surgen en un entorno global en desarrollo para beneficios compartidos. Ayuda a las personas y a sus instituciones a afrontar los retos tecnológicos, económicos y sociales, a remediar las desventajas y a mejorar el bienestar de todos…” (Alejandría, 9 de Noviembre de 2005). La Declaración de Toledo sobre la Alfabetización Informativa ALFIN (2006) “… La Alfabetización Informativa es una herramienta esencial para la adquisición de competencias en información, así como para el desarrollo, participación y comunicación de los ciudadanos…” Toledo, 3 de Febrero de 2006

La Alfabetización Informacional (ALFIN) se entiende como un conjunto de habilidades que capacitan a los individuos para reconocer cuándo se necesita información y poseer la capacidad de localizar, evaluar y utilizar eficazmente la información requerida. Es decir, es saber cuándo y por qué necesitas información, dónde encontrarla y cómo evaluarla, utilizarla y comunicarla de manera ética. Evidentemente esto implica poseer unas habilidades consistentes en:

  1. Habilidad para determinar la naturaleza de una necesidad informativa
  2. Habilidad para plantear estrategias efectivas para buscar y encontrar la información
  3. Habilidad para recuperar información
  4. Habilidad para analizar y evaluar información
  5. Habilidad para integrar, sintetizar y utilizar información
  6. Habilidad para presentar los resultados de la información obtenida

En el proceso de aprendizaje, las bibliotecas desempeñan una labor importante de alfabetización. Como dice Florencia Corrionero, todas las bibliotecas deberían formar una cadena con eslabones firmemente unidos, entrelazados y complementarios, pero la realidad es bien distinta. Los tres tipos de bibliotecas decisivos para que la alfabetización se convierta en un hecho son: Bibliotecas Escolares, Bibliotecas Universitarias y las Bibliotecas Públicas.
El sistema educativo obligatorio tiene que cubrir la etapa inicial de la capacitación en el uso de la información, por lo que las Bibliotecas escolares constituirían el primer eslabón de la cadena. El problema es que las bibliotecas escolares no cumplen con su parte de alfabetización informacional y provocan una desorientación informativa en los alumnos que llegan a las bibliotecas universitarias aquejados de este mal. Por lo tanto, si falla el eslabón inicial de las bibliotecas escolares y si a las bibliotecas universitarias sólo llega una pequeña parte de los ciudadanos, el resultado es que prácticamente toda la población está infectada del virus del analfabetismo informacional y eso para las bibliotecas Públicas es una verdadera epidemia. La Biblioteca Escolar representa un papel fundamental en el sistema educativo de cualquier país. Según la UNESCO, entre sus funciones están: ofrecer oportunidades de crear y utilizar la información para adquirir conocimientos, comprender, desarrollar la imaginación y entretenerse; y enseñar al alumnado las habilidades para evaluar y utilizar la información en cualquier soporte, formato o medio. Por su parte, la LOGSE destaca, entre sus principios, la enseñanza comprensiva, el aprendizaje significativo y por descubrimiento y al alumno como protagonista de dicho aprendizaje. Principios que no han tenido su reflejo en el posterior desarrollo de las “bibliotecas escolares-centros de recurso para el aprendizaje”

Por todo esto se puede decir que las bibliotecas escolares demandan una reorientación, ya que los estudiantes han de dedicar gran parte de su tiempo a preparar sus propios itinerarios de aprendizaje y ser competentes en el aprendizaje virtual.. Esto implica no sólo hacer uso de las colecciones documentales, sino acceder a los servicios y recursos de Internet, y a los materiales docentes que los profesores puedan desarrollar, por lo tanto también para los docentes la perspectiva de la Biblioteca se amplía. Las bibliotecas escolares convertidas en Centro de Recurso para el aprendizaje deben ser el componente esencial del nuevo modelo en el proceso educativo que requiere la Sociedad del Conocimiento. La posición de las bibliotecas escolares en la estrategia didáctica de una nueva escuela lo demuestra: organizan y representan el conocimiento expresado y difundido mediante un nuevo tipo de documento educativo; organizan, gestionan y posibilitan el acceso a los recursos de información; disponen de personal especializado para orientar e informar a la comunidad educativa, e incluso le sirve recursos y servicios de información en apoyo del aprendizaje significativo; aún más, el lugar idóneo para fomentar la lectura y sustentar un nuevo modo de conocer a través de la Alfabetización en Información. De ahí también que en el nuevo entorno educativo de la educación superior conocido como “espíritu de Bolonia” se exige que los estudiantes se vean más implicados en los métodos de aprendizaje convirtiendo al estudiante en protagonista de su propio aprendizaje, de ahí que las bibliotecas universitarias jueguen un papel decisivo en todo esto. Hoy por hoy, la universidad europea está inmersa en una etapa reflexiva y dinámica, viviendo una revisión por lo que respecta a los contenidos, a las formas y a los medios destinados para enseñar y para aprender. El papel que desempeña en la actual sociedad de la información, como productora, transmisora y difusora de conocimientos, le otorga un protagonismo esencial en la formación y el desarrollo de los ciudadanos del siglo XXI, asumiendo una gran responsabilidad para afrontar los cambios que supone el establecimiento del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). El proceso de integración europea, como establece la Declaración de Bolonia suscrita por los ministros de educación europeos en 1999, debe culminar en 2010. En este contexto que nos rodea la Biblioteca puede convertirse en fructífero eje de aprendizaje, ya que con sus recursos humanos y materiales, se convierte en un entorno esencial para la educación formal. En este sentido implica a docentes y bibliotecarios, como las dos caras de la misma moneda en este nuevo proceso alfabetizador de un aprendizaje basado en recursos y en el desarrollo de habilidades para aprender a aprender.