Museo Farmacéutico: Único con farmacopea histórica

Cada visita a un museo es una lección de historia, una forma objetiva de conocer y comprender los procesos sociales y de todo orden que suceden en una comunidad. Lo dicho es algo así como una verdad de Perogrullo, pero cuando estamos a pocos días de arribar a aniversario 136 de la fundación del Museo Farmacéutico de Matanzas, la ocasión se presenta única para hablar del centro.
Esta institución cultural se creó en la antigua farmacia La Francesa -1 de enero de 1882- por los doctores Ernesto Triolet Lelievre y Juan Fermín Figueroa y Véliz en la calle Gelabert números 49 y 51, hoy Milanés. Ambos farmacéuticos hicieron de La Francesa, el centro de la mayor importancia en la ciudad yumurina para la venta de medicinas preparadas o patentadas.
Famosas fueron las píldoras elaboradas en morteros de porcelana y el pebetero para quemar sustancias aromáticas en caso de epidemias o en aceite con alacranes para ayudar las funciones renales.
SUS FUNDADORES
El Dr. Juan Fermín Figueroa y Véliz fue uno de los más afamados farmacéuticos y negociantes de ese giro en su época. Se le conoció por “el rey de las boticas”, pues era el dueño de una cadena de esos establecimientos en la Habana, Matanzas y Las Villas.
Acostumbraba ordenar a la fábrica de porcelanas de París, pomos o recipientes originales con diferentes alegorías, a veces con su nombre inscripto, otras con un dibujo del mapa de Cuba en colores y en algunas oportunidades mandó a decorar jarrones con su efigie y la de su esposa para obsequiar a sus hijos cuando inauguraba una farmacia.
También solía enviar para igual fin, el diseño de una flor de tabaco o algodón. Una de sus hijas, la doctora Dolores Figueroa y Marty –la primera mujer cubana graduada en Farmacia-, contrajo matrimonio con Ernesto Lelievre, nacido en Lissy, Francia.
Esta pareja procreó tres hijos: Celia, Alfredo y Ernesto. En el decurso, Ernesto llegó a ser director técnico de La Francesa y vivió hasta ser colaborador del director del actual Museo Farmacéutico.
EL MUSEO
Cuando se crea La Francesa toda su estantería era de cedro tallado. El clásico mostrador de botica y el horno de mampostería se edificaron con el estilo de similares en Francia.
La estructura de esta instalación se conservó gracias al apoyo esperado de la Escuela de Artes de Matanzas, para que los visitantes foráneos y nacionales se pusieran en contacto con la farmacopea de aquella época.
Varios departamentos conforman este único museo de su género en el país. Resalta una abundante colección de jarras de porcelana y las balanzas de laboratorio que aún pueden ser utilizadas.
En otras dependencias aparecen muestras de morteros para uso de boticarios o domésticos, y el botamen donde se almacenaban los compuestos medicinales.
Asimismo se exponen instrumentos empleados en el siglo XIX, como el primer equipo para sueros subcutáneos, libros raros de medicina y retratos de farmacéuticos y médicos de la localidad. La biblioteca del Museo cuenta con variados libros de farmacopeas pretéritas.
Al fondo de la casona existe un horno y destilería. Encima de ellos un mural representativo de las plantas medicinales conocidas en Cuba hasta la fundación.
Mueve el interés la colección de pomos para envasar jarabes y los registros copiadores de recetas o ventas. Algunas de las anotaciones son exponentes de la pobreza de entonces. Esas valiosas reliquias continúan enriqueciendo el acervo cultural y científico de Cuba y del mundo.
Fuente: http://www.giron.cu