Paraíso no, umbral del infierno.

La adicción a las drogas es una enfermedad que afecta el funcionamiento normal del organismo y, especialmente, al cerebro, al punto que modifica los hábitos y conductas de las personas y las convierte en máquinas, que buscan, a cualquier precio, saciar los deseos de consumo impuestos por el estupefaciente subyugante. Trastornos fisiológicos y psicológicos, deterioro y debilitamiento de la voluntad y de las relaciones personales, consecuencias sociales y económicas, daños en el sistema nervioso central, pérdida de autoestima, aislamiento, tendencias paranoicas y debilitamiento del sistema inmunológico, son algunas de las consecuencias de la drogadicción, que jamás será la senda correcta, como algunos piensan, para enfrentar los rigores de la vida. Pero quienes se acercan a las llamadas drogas duras e ilegales no siempre están conscientes de sus efectos nefastos, por lo que cada vez aumenta en el mundo el número de consumidores que solo ven, ya sea en la marihuana, la cocaína, los opiáceos y las anfetaminas, un atajo hacia el placer, la ilusión de alegría y la enajenación. E A la drogadicción hay que verla como lo que es, una enfermedad, trastorno o afección que distorsiona la conciencia del hombre y modifica su comportamiento, empujándolo cuesta abajo y haciéndolo perder el sentido de la vida. Por lo que el apoyo mancomunado de la familia, la sociedad y las instituciones debe hacerse sentir auténtico y con fuerzas, de manera que se haga todo lo posible antes de que el individuo caiga en la trampa y desvíe su rumbo.